Las enseñanzas de tipo iniciático nunca
han tenido nada en común con los dogmas, doctrinas
o adoctrinamientos. Nunca van dirigidos a la masa sino
al individuo, pues sólo el individuo puede decidir
sus pasos. Se responsabiliza de los objetivos que quiere
conseguir y de los medios necesarios para llegar a dichos
objetivos.
En el fondo, el individuo que realiza una búsqueda
de esta naturaleza siempre trabaja sólo y por lo
tanto sobre sí mismo y no puede ser engañado
con falsos conocimientos teniendo presente como tiene
en todo momento el objetivo que se ha fijado. Los resultados
que puede obtener con esta presencia de espíritu
son considerables y siempre van más allá
del plano social. Sólo la práctica puede
ser determinante. Las creencias, los prejuicios, la posición
social y el nivel de cultura no se tienen en cuenta para
nada en el desarrollo y la progresión del individuo,
pues el objeto de estudio que nos ocupa no pertenece a
la vida social; incluso se puede decir que las enseñanzas
iniciáticas, aún siendo universales, no
se ven favorecidas por la sociedad.